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No soy cangrejo cubetero

Los que me conocen saben que yo soy anti-deportes, cualquier deporte, quizá no tanto a practicarlo como a ser espectador, y esta cascarota mundial, como bien fue calificada por un comentarista no-deportes en la radio, que cada cuatro años hace brotar lo patriotero a la mayoría en general me provoca risa. Evito comentar al respecto pero ahora que alguien se atrevió a juzgarme de "cangrejo de cubeta" (explicación) al decir que apuesto contra México para ahorrarme la decepción o para irritar a los que si apoyan no puedo quedarme callado.

Yo siempre he creído en el libre ejercicio de las actividades individuales, y nada está más lejos de mi intención está poner el honor de mi país en los pies de unos mercenarios como son los jugadores "profesionales" de fútbol, a pesar de mi renuencia a ser espectador puedo decir que hay más entrega, más voluntad de ganar por parte de los jugadores en un partido de los llamado llaneros que toda la pantomima que trasmiten por televisión.

Es muy simple mi razonamiento, una persona que gana los millones que ganan esos "profesionales" (incluyendo al técnico) no se va a arriesgar a dejar de ganarlos por "defender" unos colores que, seamos sinceros, en su mayoría les importa poco. Aunque también debo reconocer que existen algunos que ponen en duda mi razonamiento, pero aun ellos no dejan de actuar de acuerdo a esos principios económicos. En una entrevista que leí (y que no recuerdo donde) a Cuauhtémoc Blanco le preguntaron porque jugaba de esa manera, rifándose el físico en pocas y malas palabras, y su respuesta sirvió para reafirmar mi opinión que me merecen de esbirro: "Para eso me pagan", sincero el señor, fiel a los principios monetarios, SUS principios monetarios, lo que es más que lo que el resto de gandules que lo acompañan.

Para México este carnaval se acabó (lo cual es una verdadera lástima, la ciudad estaba tan tranquila y los comercios/bancos vacíos), yo dejo de hacer sandwiches y lo que anuncien de aquí a cuatro años no me interesa.

Veracruz

El 08 de marzo viajé a la ciudad-puerto de Veracruz, si la gente de Hermosillo sorprendió a este chilango por lo franca, la de Veracruz se lleva las palmas, es mucho más natural que la de Hermosillo, todas las personas con las que tuve trato se portaron de manera muy amistosa conmigo.

También te bajan casi a mitad de la pista en el aeropuerto, aunque más cerca que en Hermosillo y llegas a la terminal por un túnel que te protege de los rayos de sol.

Una cosa que es bastante destacable de esta ciudad es su limpieza, de las cuatro que me tocó visitar en esta ocasión (aparte de Hermosillo fui a Guadalajara en Jalisco y a Guadalupe en Nuevo León, y no hay nada notable que contar de las dos últimas), la cantidad de basura que me encontré en las calles se puede contar con los dedos de una mano y sobrarían dedos, baste decir que en los tres días encontré tanta basura en las calles como la que encontré en una sola cuadra de las otras tres.

Obviamente, el primer día fui a cenar a La Parroquia el clásico Lechero (café con un chorro de leche caliente), en lo personal no me pareció nada notable, me sentí como atrapado en una trampa para turistas (era turista, pero no me gusta que me lo estén echando en cara), como Tlaquepaque en Guadalajara o el Mercado de Artesanías de la Ciudad de México, donde si bien son lugares "típicos" no reflejan la realidad de los lugareños. Posteriormente me enteré que el lugar que había visitado es nuevo, la tradicional Parroquia se encuentra ubicada frente a catedral (y no en el malecón) y se llama Los Portales, ambos son de la misma empresa, el café y servicio son los mismos, sin embargo el ambiente de Los Portales es más familiar, me hizo sentir más a gusto y escuché una marimba que hasta disfruté (y me disgusta la música típica).

Hablando de tragarse las palabras, mi desagrado al pescado es muy conocido, sin embargo, aquí probé unos filetes de pescado y unos guisos de pescado que han hecho que empiece a gustarme nuevamente el pescado. El lugar donde estuve comiendo se llama Tano el Veracruzano (Mario Molina N° 20, en contraesquina del Mercado de Artesanías de Veracruz).

Hermosillo

Recientemente regresé de un viaje por parte de la empresa a poner en funcionamiento un sistema en Hermosillo.

Una de las cosas que me resultó simpática es que cuando solicité información sobre el clima me dijeron que "más bien estaba haciendo un poco de frio", y eso provocó que me sintiera un poco raro cuando me bajé del avión con una chamarra y un chaleco, como si estuviera cayendo una tormenta, la temperatura en ese momento era de 22°C.

Del avión te bajas casi a mitad de la pista (cerca de 100 metros de la terminal).

La gente es extremadamente franca, muy abierta, lo que resulta un poco incómodo para un chilango.

Me hospedé en las Suites Kino, un hotel típico de provincia, muy limpio, con café y panecillos para consumo de los huespedes, un chocolate y una carta personalizada de bienvenida, los empleados sumamente amables, solo que es necesario hacer una observación: el hotel cuenta con habitaciones para fumadores y para no fumadores, por lo que es necesario hacer la aclaración al momento de hacer la reservación.

Las oficinas de gobierno son muy tranquilas.

El dulce típico de Hermosillo son las coyotas, que son como unas galletas rellenas de dulce, las tradicionales son de piloncillo (las llaman panochas) y me recomendaron que las comprara en una casa que se ubica en la calle Revolución, entrando del boulevard es la primera casa de la derecha (a la izquierda existen bastantes), para mayor señas está a 20 pasos después de la calle Angela Peralta