Más mimbre

A consecuencia de lo de Lupita ya no vino mi madre que prefirió quedarse para recibir la visita de los Adrianes, mi madre nos notificó que ya Lupita se sienta más animada, Adrián esta en la depre total (lógico), Yanyan se mostró indiferente (pura pose) y Marilú muy apegada a su mamá, no se sí ya sabe pero por las dudas le dimos instrucciones a Ana de no comentar nada al respecto.

Con esas circunstancias, el día de ayer volví al museo de Culturas Populares, en esta ocasión solo, y aprendí a tejer una canasta de mimbre, y el próximo domingo a hacer servilleteros también de mimbre, a este paso voy a poder quedar varado en una isla desierta y podrá faltarme comida, pero utensilios para comer de ninguna manera.

Voy a solicitar que me enseñen a tejer cubiertos de mimbre, digo, para no comer con las manos.

Noticia sorprendente

El día de ayer en la noche me enteré que a Lupita le detectaron nuevamente cáncer, me preguntó Asunción si le iba a hablar Adrián, yo le dije que no ¿Qué puedo decirle? ¿Qué lo siento? no creo que tanto como él o sus hijos, ¿Qué puede contar con lo que necesite? es obvio, bueno, por lo menos para mi pero no necesariamente para él.

Voy a preguntarle a mi madre si Adrián sabe que yo lo sé, en caso que sea así le hablaré para ver si se le ofrece algo, si me dice que no entonces el pretexto va a ser su computadora, creo que lo importante en estos momentos es que sienta que no está solo.

Ayuda en línea

El mes pasado me di de alta en un lugar donde puedes dar y recibir ayuda escudado tras el anonimato de Internet (Psiquealo), me parece una idea bastante buena, tiene algunas cosas que podrían ser hechas de otra forma, pero en general el sitio es bastante agradable. Es una excelente oportunidad de poder opinar sobre los problemas ajenos, además de catártico es una excelente opción. De hecho, hace una semana puse el problema de los compañeros de Araceli, las respuestas han sido las típicas de “no actúes sin pruebas” y “pon las opciones en una balanza”, digamos que no hubo ninguna sorpresa, excepto por dos o tres comentarios bastante inmaduros y emitidos sin ninguna precaución.

Te recomiendo que lo visites, no te arrepentirás ya que te amplia el panorama a niveles insospechados.

Museo de las Culturas Populares

El sábado fui en compañía de Asunción y mis hijas al museo porque Asunción se había enterado que había cursos allí y se nos hizo una buena opción para ese día.

Ana tomó un taller donde aprendió los rudimentos del grabado previa visita a la exposición del museo.

Fue tanto el agrado del taller que decidimos ir el domingo para tomar un taller para adultos. El domingo solo fuimos Ana y yo, después de una visita (nuevamente) a la exposición, Ana tomo un taller donde hizo un huipil, yo tomé uno donde aprendí a tejer un lapicero de mimbre, excelente el taller, vamos a regresar este fin de semana, quizá acompañados por mi madre.

La muerte de una Zoociedad

Voy a contarte una historia, hace algunos años, existía un foro que se llamaba Quejometro, se definía a si mismo, o por lo menos lo hacían sus integrantes, como el tiradero de un sitio de chistes.

El sitio donde se alojaba ese foro fue comprado, adquirido, rentado, regalado o algo similar, el caso es que los que participábamos allí nos “mudamos” a otro(s) servidores hasta terminar en su ubicación actual (http://www.voy.com/78360/).

En el transcurso de tantos cambios ha cambiado también de denominación, de los más memorables están “El Quejo” y “La Zoociedad” (apelativo actual). Como ”Quejo” reinaba un clima de franca camaradería, era un sitio con movimiento, polémica, desacuerdos, etc. pero siempre en un clima agradable, se organizaron algunas reuniones, con lo que el carácter de “virtual” paso a ser “real”, yo asistí a dos o tres reuniones y en realidad me la pase de maravillas. En realidad no recuerdo porque deje de visitar la página por aproximadamente cuatro meses y cuando volví a entrar eso más que un sitio de camaradería parecía un campo de guerra, estaban divididos en grupos antagónicos entre sí, se descalificaban unos a otros, se agredían, se acusaban, los que antes departían un café ahora se “tiraban a matar”, como se dice vulgarmente. Yo llegue a intervenir en unos cuantos asuntos, los ataques estaban muy agradables (para mi), recuerdo que en uno de ellos defendía la postura de cloroformar a los ancianos o algo similar, y una pareja de españoles me dieron hasta con la silla, me insultaron, me descalificaron, hubo uno que hasta pretendió “descubrir” quien era en realidad (como si alguna vez lo hubiera escondido), pero todo eso estaba tomando un cariz que podía traerme problemas con el sistema de seguridad de la empresa, por lo que volví a dejar de visitarlos.

Hace aproximadamente un año volví a la página, solo como lector ahora, y es francamente para dar tristeza que un sitio antaño tan vital se vea relegado a lo que catalogué el día de ayer como “una reunión de ancianos para tomar el té” y descubrir que aceptan la denominación sin protestar.

La muerte de una zoociedad

Voy a contarte una historia, hace algunos años, existía un foro que se llamaba Quejometro, se definía a si mismo, o por lo menos lo hacían sus integrantes, como el tiradero de un sitio de chistes.

El sitio donde se alojaba ese foro fue comprado, adquirido, rentado, regalado o algo similar, el caso es que los que participábamos allí nos “mudamos” a otro(s) servidores hasta terminar en su ubicación actual (http://www.voy.com/78360/).

En el transcurso de tantos cambios ha cambiado también de denominación, de los más memorables están “El Quejo” y “La Zoociedad” (apelativo actual). Como ”Quejo” reinaba un clima de franca camaradería, era un sitio con movimiento, polémica, desacuerdos, etc. pero siempre en un clima agradable, se organizaron algunas reuniones, con lo que el carácter de “virtual” paso a ser “real”, yo asistí a dos o tres reuniones y en realidad me la pase de maravillas. En realidad no recuerdo porque deje de visitar la página por aproximadamente cuatro meses y cuando volví a entrar eso más que un sitio de camaradería parecía un campo de guerra, estaban divididos en grupos antagónicos entre sí, se descalificaban unos a otros, se agredían, se acusaban, los que antes departían un café ahora se “tiraban a matar”, como se dice vulgarmente. Yo llegue a intervenir en unos cuantos asuntos, los ataques estaban muy agradables (para mi), recuerdo que en uno de ellos defendía la postura de cloroformar a los ancianos o algo similar, y una pareja de españoles me dieron hasta con la silla, me insultaron, me descalificaron, hubo uno que hasta pretendió “descubrir” quien era en realidad (como si alguna vez lo hubiera escondido), pero todo eso estaba tomando un cariz que podía traerme problemas con el sistema de seguridad de la empresa, por lo que volví a dejar de visitarlos.

Hace aproximadamente un año volví a la página, solo como lector ahora, y es francamente para dar tristeza que un sitio antaño tan vital se vea relegado a lo que catalogué el día de ayer como “una reunión de ancianos para tomar el té” y descubrir que aceptan la denominación sin protestar.