Un día, tras despertar, Joseph K. es acusado. De esta forma se le abrirá un proceso que transformará radicalmente la existencia de K. Este intentará demostrar su inocencia a pesar de desconocer cuál es el motivo de su proceso, y a su vez intentará mantener la cotidianeidad de su vida.
Debo confesar que leí este libro más por obligación que por devoción, puesto que tenía que participar en un grupo de lectura. Como toda la obra de Kafka, es un libro desalentador, aunque no decepcionante, pero muy estimulante. A las personas a las que nos gusta la buena litaratura, o al menos a la gente que conozco que lo ha leído y que presumimos que nos gusta la buena literatura, como el circulo de lectura, nos parece un libro interesante. Kafka era un escritor, no sólo muy personal, con una narrativa muy propia, forjada tras años de penurias que le llevaron posteriormente a suicidarse, sino que además, en sus libros, imponía todo un cúmulo de reflexiones sobre la condición humana. En este libro sentimos la angustia del procesado. Una angustia que te va llenando el interior hasta colapsarte las arterias. Llega un momento que desea que el protagonista solucione sus problemas con prontitud, independientemente de si esa prontitud implica un final agradable o una muerte segura. Ese anhelo es debido, a mi entender, a la vaguedad que mueve todo el texto, desde el nombre del protagonista, K. (una alusión más que clara al própio Kafka), a los lugares que describe.
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